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Algunas de las (presuntas) obras cinematográficas más largas de todos los tiempos

Las películas más largas (y prescindibles) de la historia del cine

Si las tres horas de metraje de la última superproducción que fuiste a ver al cine te resultaron tediosas ni se te ocurra acercarte a los títulos de los que hablamos en esta entrada. Horas y horas de película en las que no ocurre nada, si acaso la muerte por hastío de algún sufrido espectador. Conoce las películas más largas de la historia del cine, o mejor dicho, del anticine.

Ya desde sus orígenes el cine tuvo que construir su propia narrativa. Partiendo de esquemas previos heredados del teatro o la novela, los primeros cineastas aprendieron a contar historias a través de la yuxtaposición de imágenes. Una amalgama audiovisual cuyo fin último era, es, transmitir ideas (unas películas más que otras) a través del desarrollo de una o varias historias, lo que se conoce como trama argumental. Más o menos, esto es una «película» y es fácil reconocer qué distingue a The Life of an American Fireman (Edwin Porter, 1903) de La Sortie de l′usine Lumière à Lyon  (Louis Lumière, 1895): Mientras que la emblemática grabación de Lumière es un hito de la técnica, la de Porter es el relato de una historia, es una película. Fruto de este lenguaje propio el cine fue capaz de establecer su concepto de tiempo narrativo, aprovechando la enorme capacidad para sugerir a través de la elipsis y la complicidad del espectador, al que se le presupone capacidad de rellenar los «huecos» temporales que puedan haber, al menos, entre escena y escena. Dicho esto, centrémonos en materia.

A lo largo de los más de cien años de cinematografía ha habido genios capaces de hacer auténticas películas rompiendo totalmente con los esquemas establecidos por la narrativa fílmica, o al menos llevándolos hasta sus límites. Títulos como Rope de Alfred Hitchcock (La Soga, 1948) o Lady in the Lake de Robert Montgomery (La dama del lago, 1947) son  claros ejemplos de esto. Habrá a quienes el eterno plano secuencia de Hitchcock les parezca insufrible, por no hablar de la cámara subjetiva llevada hasta el paroxismo que caracteriza a la obra de Montgomery, pero nadie podrá negar que son obras (maestras) cinematográficas. En este mismo saco podemos meter al cine «dogma» e incluso, salvando las (enormes) distancias, a The Blair Witch Project de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez (1999). Aunque no obras maestras (en absoluto), sí que han sido películas capaces de innovar. Y lo más importante, muestran un mínimo respecto por el espectador.

 

Pero esta entrada está dedicada a otro tipo de ¿películas? Aquellas que, tras horas y horas de metraje, acaban por no contar nada. La creatividad suplantada por una entrada en el Libro Guinnes de los Records, y eso en los casos más honestos, porque lo habitual ha sido (es) revestir estos ejercicios de anticine con calificativos que les quedan demasiado grandes. Cine de vanguardia es lo que hacían Dziga Vertov, Buñuel o Truffaut, entre otros. Un plano estático de 20 horas es, sencillamente, dejarse la cámara encendida.  O, como en el primero de los casos que veremos a continuación, un ejercicio de extrema egolatría por parte de alguien que, intuía, no le faltarían legiones de tontos dispuestos a aplaudir hasta sus pedos.

 Es el caso de Andy Warhol y su absolutamente prescindible Four Stars, literalmente «****». El (en otras ocasiones) genial artista realizó en el año 1966 esta sucesión de planos fijos sobreexpuestos que tenían una duración total de 1500 minutos. 25 horas de imágenes técnicamente deficientes que, de haberse llamado su autor John Smith (o Pepito Pérez), jamás hubiesen trascendido del ámbito de su círculo más íntimo. Esta suerte de «película experimental» sólo fue proyectada completamente una vez, en el año 1967. Aunque lo cierto es que este infumable mamotreto de 25 horas no es el peor atentado contra el séptimo arte perpetrado por Warhol en su mítica The Factory. Dicho «privilegio» queda reservado para su absurda Empire, ocho horas de imágenes del Empire State Building de Nueva York en las que no ocurre absolutamente nada. En este sentido, quizá sería buena idea que la Wikipedia ilustrase el concepto «sobrevalorado» con fotogramas de otra obra visual de Warhol, Sleep (apenas cinco horas y pico que cuentan la fascinante historia de John Giorno retozando y roncando en la cama). Entre el presunto cine experimental y las pajas mentales puede haber una línea muy, muy sutil. Un consejo: mucho cuidado con expresar esta opinión en según qué círculos, pueden acusarte de ignorante personas que ni siquiera conocían la existencia de estas ¿películas? de Warhol

 En 1970 se presentó la película británica The Longest Most Meaningless Movie in the World («La película más larga y con menos sentido del mundo»), firmada por  Vincent Patouillard. Un intento de documental que, como su propio nombre sugiere, consistía en una amalgama de fragmentos inconexos cuya finalidad era convertirse en la película más larga. 48 horas de material fílmico de muy distinta procedencia, desde tomas descartadas de películas a materiales de publicitarios sin usar y otros desechos visuales. En su favor decir que al menos era sincera en sus pretensiones y 100% procedente de materia reciclada. Cualquier parecido con El almuerzo desnudo de William Burroughs es pura coincidencia.

 
L. D. Groban, protagonista de la película experimental «The Cure for insomnia» (1987)

Tenemos que viajar hasta la segunda parte de la década de 1980 para encontrar la siguiente «película más larga», en este caso firmada por el estadounidense John Henry Timmis IV. The Cure for insomnia (La cura contra el insomnio) recoge durante 87 horas (3 días y 15 horas) a L.D. Groban leyendo un poema suyo de apenas 4080 páginas, intercalado con pequeños cortes de escenas porno y heavy metal. Sólo se proyectó sin cortes el día(s) de su estreno, del 31 de enero al 3 de febrero de 1987, en el Art institute of Chicago. Si tras pasar tres días escuchando a un señor recitando un (único) poema no te entra sueño, reconócelo, tu insomnio no tiene remedio. Este excesivo somnífero se mantuvo como «la película más larga jamás rodada» hasta el año 2006.

El 23 de abril del año 2006 a las 6 de la mañana empezó a proyectarse Matrjoschka, del alemán Karin Hoerler, sobre una pantalla LED de 100 m. colocada en la fachada de un edificio de Frankfurt. La película cuenta la fascinante historia de una foto en la que aparece un niño montado en una bicicleta delante de varias casas y algo de verdura. Dicho «estreno» finalizó el 28 de abril a la 1 de la madrugada. Si descontamos los parones de 5 horas diarios (de 1 de la madrugada a 6 de la mañana), esta «película» tuvo una duración de 95 horas. Absolutamente prescindible.

En noviembre del año 2009 se estrenó en la ciudad de Aviñón la obra Cinématon, del francés Gérard Courant. Fruto de un trabajo ingente desarrollado a lo largo de 32 años, esta película recoge un total de 2319 fotografías de diversas personalidades, entre los que destacan grandes directores, actores y otros artistas, que se entremezclan con personajes públicos y personas anónimas. Cada una de estas fotografías se mantiene en pantalla durante 3 minutos y 25 segundos. En total, 154 horas (algo más de seis días). Parece evidente que sería injusto valorar esta ingente obra a al mismo nivel que la antes citada Matrjoschka, pero aun así tampoco vamos a aceptar que sea un película, por muy «experimental» que diga ser. En otro formato (y lenguaje) seguro que sería una excepcional exposición fotográfica dedicada al retrato, también un gran libro fotográfico. Pero como sucesión de imágenes es precisamente eso, una presentación de diapositivas de seis días de duración.  

La «película» más larga realizada hasta la fecha es Modern Times Forever, realizada por artistas daneses del grupo Superflex. Con una duración de 240 horas (10 días) muestra el deterioro que podría sufrir un edificio de Helsinki durante los próximos 1000 años. Esta película fue proyectada en 2011 en la capital finlandesa, en una pantalla gigante situada junto al edificio en cuestión, el Stora Enso. Aunque esta obra audiovisual es a día de hoy la más larga jamás filmada (sería mejor decir «proyectada»), se prevé que en el año 2020 el director sueco Anders Weberg estrenará su obra Ambience, que tendrá una duración de 720 horas, nada más y nada menos. Parece que estas películas llevadas más allá de lo excesivo son un daño colateral del extremo abaratamiento de los soportes de registro. En fin. 

Si entre todas estas presuntas películas excesivas tuviéramos que salvar a una, sin dudarlo elegiríamos The Cure for insomnia. Aunque la frialdad de los datos indiquen otra cosa, para nosotros siempre será la película más larga de todos los tiempos. Y una de las más bizarras, de ahí nuestra predilección. Una película diseñada para «reprogramar» el reloj biológico de nuestro cerebro, en la que se recita un poema de 4080 páginas... hay que quererla.    

Podríamos citar otras obras audiovisuales con metrajes nada convencionales, pero al tener un valor cinematográfico real que va más allá de su duración no las incluimos en esta selección de películas más largas y prescindibles de la historia del cine. Casos de buenas películas documentales que confunden tiempo narrativo con tiempo real pueden ser Crude Oil (14 horas), Out 1 (12 horas) y, especialmente, How Yukong Moved the Mountains (casi 13 horas). Todas ellas obras muy recomendables, aunque haya que verlas por fascículos. 

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